
Era una pequeña niña, con pequeñas manos, pequeña cara. Su mascota un caballo, Blanco, hermoso, su pelaje era suave, su cola resplandecia de color a la luz del sol, sus ojos eran distintos, un colore miel bañaba un pupila sensible pero fuerte.
Una noche, la pequeña caminó hasta el caballo que la miraba con grandes ojos de ternura y pasión, se amaban, se complementaban uno al otro; este la tomó, en su lomo, y de pronto suaves plumas de un par de alas, la acurrucaron en su espalda. Comenzaron un viaje de nunca acabar, se han perdido en el polvo de una felicidad que habian olvidado, y que de pronto comenzaron a recordar.
En el día son complices de un gran secreto, en la noche son amantes de él; porque en realidad... no era un simple caballo blanco.
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